Cuando una persona deja de consumir cualquier producto de tabaco y el síndrome de supresión aparece, son muchos los síntomas que el cerebro y el cuerpo experimentan. Por lo general, la persona consumidora entra en crisis y hasta podría plantearse la alternativa de regresar al consumo con el propósito de eliminar esas manifestaciones desagradables.
Sin embargo, una vez que el síndrome de supresión alcanza su máxima intensidad, los efectos adversos comienzan a disminuir y poco a poco la persona empieza a sentirse mejor, uno a uno los sistemas del organismo irán volviendo a la normalidad y el bienestar general se hará presente y con ello, a percibir los beneficios de su decisión; quizás, una de las más importantes en su vida.
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